Algunos de los libros del siglo XX para perfeccionar la medicina española
(Libro)
MEDICINA PARA EL ALMA.
Selección de libros médicos de la 1.ª mitad del siglo XX
.. ... ...
«Medicina
para el alma»
Cuenta
la historia relatada por Diodoro de Sicilia, escrita en el siglo I, que el
filósofo Hecateo de Abdera, viajando por Egipto, hacia el siglo IV a.C.,
encontró un monumento del rey Osimandias (en realidad era Ramsés II, el
Grande), en el que había la siguiente inscripción en uno de los aposentos:
“Clínica del alma”, también se ha difundido como Medicina para el alma. Se
interpretó como la biblioteca. En realidad, era una dependencia privada del
faraón. Aun así, esta denominación se hizo extensiva a todas las bibliotecas.
El debate y la controversia se la dejamos a los arqueólogos expertos, que con
sus investigaciones nos aclararán si era biblioteca o la “sala de atención al Ka“
(lugar del cuidado del alma, o ψυχῆς ἰατρείον (psychés
iatreíon) [1].
Por otro lado, aunque tenemos poca información de
las bibliotecas: “casas de los libros”, eran los archivos; y “casas de la
vida”, eran las bibliotecas [2].
Es palpable el reconocimiento de los bibliotecarios.
Así mismo, las bibliotecas del Antiguo Egipto poseían, entre otras funciones
guardar los escritos y normas rituales para la vida en el más allá del faraón;
archivar documentos, tenían un scriptorium y funcionaban también como
centro de enseñanza de la escritura y otras materias[3].
![]() |
| san Isidoro, versos de la biblioteca |
Presentación
y Estudio preliminar: libros médicos, antiguos y nuevos,
historia y justicia social
Estimado y curioso lector de
libros, del pasado de la sanidad y la historia, el bibliotecario Erich Meyerhoff “sugirió la visión de la
historia (de la sanidad) y la bibliotecología como un medio para lograr la
justicia y la igualdad social” [4].
Henry Sigerist señaló el camino que algunos
historiadores posteriormente siguieron. Así, en el caso de la historia médica,
el objetivo era la asistencia sanitaria universal en forma de medicina
socializada[5].
Y esta ciencia: la historia de la medicina llegó a ser vista cada vez más como
un arma en la lucha por la justicia social.
Meyerhoff sabía que el estudio del pasado y de
los libros no eran los fines en sí mismos, sino los medios que han de ser
utilizados para un fin más elevado: la igualdad y la justicia de toda la
sociedad. Y la historia, cuyo significado es recordar, identificarse y
compartir es una plataforma para impulsar a la humanidad a un futuro mejor y
más equitativo para todos [6].
Antes
se pensaba, o se “aceptaba anecdóticamente”, que los historiadores de esta
disciplina debían ser únicamente los médicos, pero muchas preguntas requieren
la contribución de los historiadores (“answers
require the input of historians”) (Greenberg). Historiadores, sociólogos y
otros investigadores y científicos sociales, no precisamente sanitarios, aunque
sí comprometidos con la sanidad.
La
principal contribución de Sigerist fue llevar a la arena de la opinión pública
en los Estados Unidos, la participación y el compromiso del gobierno con la
justicia social (durante el periodo, llamado New Deal del presidente Roosevelt). Pero, acerca del cómo y del
porqué estas medidas se quedaron cortas, así como qué aspectos serían
mejorables para los tiempos venideros “son las preguntas que aún están sobre el
tablero. Y, como se ha apuntado antes, requiere la participación de
historiadores, antropólogos, sociólogos, etcétera[7].
Con
estas premisas al comienzo de este ensayo queremos destacar la importancia que
tiene el pasado de cualquier materia, y de la sanidad en particular, para el
entendimiento y la adecuada visión del futuro de la humanidad. Insistimos: es
preciso el estudio del tiempo pasado de cualquier ciencia para que avance y
progrese adecuada al ritmo que la sociedad le requiere y le demanda beneficios
sociales. Procuraremos pues, en este momento, una aproximación a parte de la
literatura médico-científica del siglo XX.
Desde
el proyecto DALS (De Antiquis Libris
Sanitate) tenemos la intención y la posibilidad de un fácil acercamiento.
Se mostrarán algunos de los fondos analizados para el conocimiento y bien común
de los interesados, sean sanitarios o no.
Se irá
configurando, de este modo, un pequeño, pero curioso e interesante, fondo
documental que sirva para futuras investigaciones en el campo del pasado de las
disciplinas médico-sanitarias y asistenciales custodiadas en la biblioteca del
Hospital General Universitario de Ciudad Real.
Algunos
estudios del siglo XIX, en el campo del pasado de la medicina, muestran su
compromiso con la historia del ser humano y con la comunidad, donde la
asistencia sanitaria avanzó laboral y socialmente, aunque fuera a ritmo de la
beneficencia pública o privada y la propia justicia social. Se pueden apuntar
en esta reflexión biblio-histórica algunos de los historiadores de la medicina
por su compromiso, ya humano, ideológico y ético con la profesión y con la
explicación de la historia: Font i Roura, Giné i Partagás, Hernández Morejón, o
Chinchilla.
Pero,
vamos a implicarnos con el tiempo reciente, con el siglo XX: John Shaw Billings y William Osler, ambos a caballo entre los siglos XIX y XX, con
un amplio trabajo en ambas centurias. Serán tenidos en cuenta, los trabajos de
historiadores más cercanos, como el italiano Luca Borghi; y los
españoles comprometidos sanitaria y socialmente, que hubieron de exiliarse en
1939 e hicieron progresar las prácticas médicas y la historia de la medicina en
el extranjero, Félix Martí Ibáñez y
Francisco Guerra Pérez-Carral.
Esta
exposición es un grupo de libros de nuestra biblioteca, de los muchos que se
utilizaron en la primera parte del siglo XX para aumentar y profundizar en el
conocimiento de las terapias, técnicas, tratamientos,
diagnósticos y pronósticos médico-sanitarios que se debían aplicar a los
pacientes y enfermos de nuestra tierra. Y digo bien, pues muchos de ellos
fueron donaciones para la formación, asesoramiento y ejercicio de nuestros
profesionales sanitarios.
Una
formación dirigida a la atención y asistencia sanitarias de la colectividad, a
la sociedad, a la que se ha unido el término, “justicia”, no como un adorno,
sino como una finalidad ética y moral, tal y como aluden Meyerhoff y Sigerist.
En tanto que actitud de unos profesionales comprometidos con el progreso y la expansión
de la asistencia sanitaria.
Y con
los libros y el trabajo de los profesionales se ha de reivindicar el papel del hospital
en la lucha contra la enfermedad, toda clase de enfermedad. También el orgullo
de haber luchado contra la pandemia del covid 19 y haber colaborado a una
justicia social más equitativa y una mayor “ecuanimidad”, como señalaba William
Osler. Porque sabemos que se ha colaborado muy activamente, tanto en el
tratamiento del SARS-Cov2 y en su
prevención, poniendo todas las vacunas que han sido precisas para proteger y
salvar a la población.
Los
profesionales de los libros también han colaborado, en la medida de sus
posibilidades, a buscar y distribuir la información que ha sido requerida para
atajar esta dichosa enfermedad.
Sigerist
o Meyerhoff, Osler o Guerra, Giné o Martí, cualquiera de estos historiadores
podría escribir esa parte de la historia de la sanidad que corresponde a los
profesionales de nuestro hospital, el problema es que todos fallecieron hace
años.
El periodo de tiempo: 1900-1950
Dijo Martí Ibáñez para esta
parte del siglo XX: «… el mundo se sumergió en la noche escarlata…»[8],
en este sentido señala la 1ª Guerra Mundial, la Revolución rusa, la 2ª Guerra
Mundial, incluso la Guerra de Corea (1950), además de otros procesos bélicos,
algunos de ellos buscando la conquista o reconquista de la libertad (“la gran
cruzada por la libertad”); en el caso de España, la Guerra del Rif (1911-1927)[9]. La
tristísima Guerra Civil (1936-1939) y la dolorosa posguerra con el penoso
periodo de la autarquía.
¿Por
qué hablamos de tantas guerras? Primero, por la etapa de este estudio; y
segundo, porque la medicina, querámoslo o no, progresó durante los períodos
bélicos[10].
En los tiempos de paz también, es cierto, pero aquí está la larga «noche
escarlata», que decía Martí Ibáñez.
No
obstante, nos recuerda el mismo autor que «el siglo XX fue testigo de una
brillante pirotecnia de inventos…»[11].
Arranca, pues, con fuerza la centuria, según comenta el también historiador de
la medicina Cárdenas Arévalo es de un extraordinario progreso médico. Es un
tiempo en el que se va imponiendo lenta, pero inexorablemente “la observación
clínica”; un gran grupo de años en los que se asientan con firmeza las bases de
la “Medicina de Estado… con una amplia difusión del saber médico (junto a) la
interrelación entre las experiencias y conocimientos clínicos y los hallazgos
de laboratorio… la difusión de la información… la bibliografía médica…” [12].
Para
este historiador la Gran Guerra (1ª Guerra mundial) modificó muchos de los
pensamientos políticos y de las nociones sociales. Digamos que el desarrollo de
la medicina, con soporte financiero en la investigación científica y técnica,
con una adecuada disciplina política lleva a la medicina social, pensando,
levemente, en cooperación y solidaridad internacional.
En los
estudios realizados por los historiadores para el siglo XX podemos entresacar
muchas ideas que nos acercan a ese concepto de la medicina social: Cárdenas nos
habló de la medicina como ciencia social; Sigerist de la medicina pública y la
importancia social de la atención primaria y la organización sanitaria desde la
órbita estatal; Martí Ibáñez de la medicina como ciencia social “basada en los
métodos de las ciencias naturales y dedicadas a prevenir la enfermedad,
rehabilitar al paciente y estimular la salud…” [13] .
En los
primeros meses de 1918, incluso sin finalizar la guerra se reconsideran los
modelos de instrucción, docencia y aprendizaje de la medicina, pues el gran
cúmulo de conocimientos de la disciplina impedía acaparar todo el saber y las
diversas especialidades, técnicas y procedimientos para los diagnósticos y
tratamientos. Además, “ya el médico es también promotor de la salud…” [14].
Si
echamos la vista atrás, a nuestro pasado reciente, se podrá apreciar lo mucho
que se ha avanzado. Haciendo sentir un significativo grado de satisfacción por
haber conquistado territorios a la enfermedad en beneficio de la salud de la
sociedad en general.
Decía
Martí que “la medicina que hoy se hace en
los laboratorios (referida ya la segunda mitad del siglo XX), como en el siglo pasado (el XIX) en los hospitales, en la Edad Media en las
bibliotecas, se ha vuelto más técnica…” [15].
Pero, estando conformes con las palabras de este historiador, es fundamental el
cuidado de los enfermos junto a la cama y con la anamnesis, que hace el profesional.
Voy a
más y pregunto: ¿dónde adquiere conocimientos el personal sanitario para sus
tareas? La teoría se obtiene en los libros y en las revistas de la biblioteca,
aunque esta sea virtual u on line; y
la destreza práctica se alcanza en la cabecera del enfermo, observando y escuchando
sus palabras y sus lamentos.
Preguntas y reflexión sobre el libro de medicina
Podríamos llamar a estos libros
“legado bibliográfico-médico de la primera mitad del siglo XX en la biblioteca”;
o “libros antiguos, o fondo antiguo en la biblioteca”; pero no sería correcto,
pues libro antiguo se refiere hasta el principio del siglo XIX. Es una
definición un tanto ambigua, pues muchas bibliotecas consideran el «fondo
antiguo», y no prestables, libros publicados hasta 1960. Entonces, ¿cómo los
podríamos nombrar? Pues, sería correcto «BIENES DOCUMENTALES DE LA 1ª MITAD DEL
PASADO SIGLO (en la biblioteca del HGUCR)»; ya que “los libros forman parte de
la comprensión jurídica del bien documental…” [16].
¿Qué me
da la lectura del libro?
¡Vaya preguntita! Pues, tal vez
conocimiento del pasado, por si fallan los sistemas actuales, pues, además, lo
tradicional, lo antiguo, lo que ya ha pasado puede ser una sabiduría
alternativa.
El
libro agita el cerebro para cimentar los conocimientos de ahora. En este
sentido, decía Theodor Billroth que “solo los hombres (y mujeres) que conocen
el arte y la ciencia del pasado tienen la capacidad de progresar en el futuro” [17].
Un
libro ayuda a comparar buenas terapias (antiguas o recientes) con otros
tratamientos mejores (de ahora o de antes): «ni todo el tiempo pasado fue
mejor, ni todo lo del tiempo presente es superior». Uno de los aforismos de
Osler sobre el libro decía: “el que estudia medicina sin libros navega en un
mar desconocido, pero el que estudia medicina sin pacientes no va a navegar en
absoluto” [18].
Nos
preguntamos con curiosidad histórica e interés didáctico si sería interesante
aumentar la formación de los profesionales de la salud hablar de los libros
antiguos.
Honestamente
estimamos que puede ser muy productivo el impacto de este conocimiento en la
educación médico-sanitaria. Hablar de todos los hechos del pasado que han hecho
progresar y avanzar en el saber para la recuperación de la salud del ser humano
y salir con bien de la enfermedad, ya sean terapias, fármacos, terapias,
artilugios para el diagnóstico, etcétera.
El
libro ayuda a estrechar las conexiones de las neuronas y hace pensar para
diagnosticar, pronosticar, tratar y recetar. O sea, echa una mano para curar.
Uno de
nuestros historiadores del siglo XIX, Font i Roura escribió: «…la
bibliografía nos presenta grande utilidad… sin historia no hay ciencia…»[19]. ¿Conocía
Font la obra del filósofo Inmanuel Kant? Tal vez sí. Fijémonos en palabras de
Kant: “Sin historia de la ciencia, la filosofía de la ciencia está vacía,
sin filosofía de la ciencia la historia de la ciencia está ciega y sin
historia, sin filosofía de la ciencia, el saber científico es manco…” [20].
¿Dónde
encuentro el remedio que no veo?
(Diálogo entre sanitarios)
-¿Qué se hace cuando no se
encuentra una solución rápida?
-Pues, se puede recurrir a la
literatura científica, presente o anterior.
-¿Cómo de anterior?
-Un tratamiento de hace unas
décadas, o unas centurias, puede ser eficaz, fácil, sencillo, incluso barato y
beneficioso. ¡Ahí está!
-Por otro lado, el libro
saciará tu curiosidad, te hará reflexionar al comparar métodos, procedimientos
o terapias actuales o antiguas; y, cuando te halles en una encrucijada, puede
haber varios tratamientos para esa dolencia que estás valorando y curando, te puede
ayudar a aplicar el método más apropiado para tu paciente…[21].
Objetivo
En este breve catálogo para el
siglo XX se mostrarán algunos de los libros que se guardan en la biblioteca del
hospital, dentro del ámbito cronológico que proponemos para este estudio, desde
1914 hasta el año 1950. Con el ánimo de incentivar la investigación, fortalecer
la formación y llevar a los profesionales sanitarios el saber antiguo y otros
conocimientos de tiempos pasados en diagnósticos y terapias que se realizaron para
la cura de enfermedades y dolencias, y, siempre, en beneficio del conjunto de
la sociedad.
El
conocimiento y la sabiduría contenidos en los libros, canalizados adecuadamente
por las habilidades y la pericia de los sanitarios ayudan a reparar, conservar
y, si cabe, aumentar, la salud de la sociedad. El pueblo, como beneficiario de
la historia, lo es también de los avances y progresos pasados y actuales de las
ciencias médico-sanitarias.
Este
estudio pretende ser una forma amena de acercarse al saber de antes, que ayudó
a las diversas especialidades sanitarias a construir su historia sobre los
firmes cimientos de la experiencia y la difusión de su sabiduría.
Material y método
El libro, cualquier libro, es
considerado por la UNESCO como un instrumento privilegiado para cumplir sus
objetivos de promover la paz y la comprensión entre las culturas mediante «la
libre circulación de ideas por la palabra y la imagen…»[22].
Con lo
que llevamos dicho, imagínense la importancia que tienen los libros
médico-sanitarios para la sociedad si esta consideración la unimos a lo dicho y
escrito por Henry Sigerist, Erick Meyerhoff, Félix Martí Ibáñez y Francisco
Guerra Pérez-Carral y otros historiadores de la medicina y bibliófilos. Sería
un “puntazo”, socialmente hablando.
Se
trata de una breve colección de libros donados a la biblioteca, que configuran
una muestra de libros para la salud, publicados durante los primeros cincuenta
años del siglo XX entregados a los sanitarios españoles, así profesionales como
estudiantes.
De las
diversas posibilidades para la presentación de este catálogo se han valorado
varias. Se podía haber configurado por décadas, pero hubiera quedado un tanto
descompensada la estructura, pues el número de libros de cada una de las
décadas es, ciertamente, muy variable, aunque predominan los publicados entre
los años 1930 y 1950. Se podrían haber organizado por especialidades, pero encontraríamos
algunas materias un tanto abultadas y otras, en cambio, con una representación
escueta o nula. También tropezaríamos con un problema al ser, alguno de los
libros, una mezcla, mixtura o híbrido de dos o más especialidades. Se ha optado,
finalmente, por fijar tres grandes secciones por autores: Sección primera,
sabios españoles; Sección segunda, sabios alemanes; y Sección tercera sabios de
otras nacionalidades, en este caso franceses, italianos y otros que publicaron
la obra original en inglés, aunque fueran de otra nacionalidad. Dentro de cada
sección, obviamente, se establecerá el orden cronológico de la publicación del
libro, independientemente de la especialidad que represente.
En cada
una de las secciones se intentará ubicar los libros en el contexto histórico
general o de la medicina, así como la aportación al progreso y, sobre todo, al
beneficio de la salud y la sociedad.
Para
esta ocasión se ha diseñado un tipo de ficha sencilla, que incluimos con cada
uno de los libros, y que aportan información al proyecto global De Antiquis Libris Sanitate (Sobre los
libros antiguos para la salud).
De las materias o especialidades
Materias o especialidades
recogidas en este catálogo abarcan desde cirugía, traumatología, rayos X (o
como se decía también: roentgenología), digestivo, análisis clínicos y
laboratorio, terapéutica, neumología o, incluso, medicina preventiva.
De los autores
Dividido el trabajo en
secciones, según el origen de los autores: la sección primera corresponde a
autores españoles. Las 15 obras recogidas para esta sección tienen 18 sabios,
aunque hay que señalar dos obras colectivas, que elevarían el número de autores.
La
sección segunda, recoge 16 obras de 27 eruditos alemanes. De estas obras 7 son
colectivas.
En la
tercera sección se han recogido 11 obras, una de ellas de carácter colectivo y
otra en lengua italiana. Con 12 autores, hemos de significar que hay 5 expertos
autores franceses; 2 italianos; y 5 en inglés, de estas últimas un autor es de
origen húngaro y otro de origen alemán (cuya obra fue escrita originalmente en
inglés).
Desde diferentes opciones vitales, ya sean
ideológicas, intelectuales, políticas o económicas, en España hubo, en este
periodo de estudio, un vaivén de la ciencia y la cultura. Después, incluso, anclada
en posiciones involucionistas (tras la guerra civil), se leyeron y estudiaron
obras de científicos e intelectuales extranjeros, eso sí, con el
correspondiente filtro de la censura institucional del gobierno.
De las editoriales de libros médicos en España
Fue en la 2ª República española
cuando se puede hablar de “política del libro”, aunque en la década anterior ya
se ofreció a los autores la gestión de las traducciones y el registro de la
propiedad intelectual en las Cámaras Oficiales del libro[23].
En el
periodo de la autarquía la alarma “por el efecto contaminante de las
traducciones no provenía de obras científicas” [24],
aunque se puede apreciar que disminuyeron, en un tercio aproximadamente, con
respecto a décadas anteriores.
Algunos
editores durante aquel tiempo pretendieron, ante el Instituto Nacional del
Libro Español, “la supresión del visado de traducciones”[25].
Y, aunque hubo rigurosidad para conceder estos visados, las traducciones de
libros científicos continuaron, en menor medida, pero lograron mejorar la
precaria ciencia de aquel tiempo, entre 1939 y 1959.
El
análisis de las publicaciones editoriales de libros médicos en el periodo
propuesto, dividido por décadas, arroja el siguiente resultado o resumen:
-Labor S. A.
·Años 20 (2); ·Años 30 (4); ·Años
40 (9); Total (15)
-Salvat S. A.
·Años 20 (0); ·Años 30 (0); ·Años
40 (9); Total (9)
-Manuel Marín, editor
·Años 20 (2); ·Años 30 (2); ·Años
40 (0); Total
(4)
-Otras 14 editoriales de varias
ciudades españolas publicaron 1 libro médico cada una, de los recogidos en este
estudio para el periodo propuesto, entre 1900 y 1950.
Por último, estimado lector, te presento unos poquitos libros y un poquito del tiempo en el que surgieron y dejaron el saber para la salud de «su presente» y de nuestro presente. Espero que tu curiosidad se vea satisfecha con estas páginas.
[1] Pedraza Gracia MJ. Reyes Gómez
F. Atlas Histórico del Libro y las
Bibliotecas. Síntesis; Madrid: 2016; pp. 83-84; véase también en: http://www.antiquitatem.com/cuidado-del-alma-biblioteca-alejandria/.
[2] Historia de las bibliotecas. En: http://www.todolibroantiguo.es/historia-bibliotecas/edad-antigua.html.
[3] Pedraza y Reyes 2016, p. 84.
[4] Greenberg SJ. Medical History:
as it was; as it will be. J Med Library
Assoc. 2020; 108(1): 143-146.
[5] Greenberg 2016.
[6] Greenberg 2016.
[9] En este conflicto del Rif
también estuvo implicado parte del tiempo el imperio colonial francés hasta que
en 1912 se acordaron las respectivas áreas de influencia.
[10] Véase lo comentado más delante de
este estudio en las páginas 89 y 109.
[11] Martí Ibáñez 1962.
[12] Cárdenas Arévalo J. Historia
de la medicina. 2001. En: http://www.cardenashistoriamedicina.net/capitulos/es-cap11.htm, pp. 1-2
[13] Martí Ibáñez 1962
[14] Cárdenas 2001, p. 12
[15] Martí Ibáñez 1962
[16] Alegre Ávila JM. Evolución y
régimen jurídico del Patrimonio Histórico. Tomo I, Mº de Cultura; Madrid:
1994; p. 257
[17]
Borghi 2018, pp. 20-21
[18] William Osler quotes.
ThinkExist.com. En: https://thinkexist.com/quotes/william_osler/.
[19] Font i Roura R. Las ocho épocas. Atlas histórico
bio-bibliográfico de las ciencias médicas. Impr. Ramón M. Indar; Barcelona: 1845
[20] Cárdenas Arévalo 2001, p. 6
[21] Perdón por escribir esta
reflexión en forma de diálogo. Pensemos por un momento que muchos libros,
antiguamente, incluso libros de teoría y de ciencia médica, se escribían de
esta manera: un diálogo entre un sabio y un aprendiz.
[22] Idea tomada del libro de
Pérez-Bustamante citando los principios de la UNESCO.
[23] Rodrigo Echalecu AM. La política del libro durante el primer
franquismo [Tesis doctoral], Facultad de Geografía e Historia, UCM; Madrid:
2016.
[24] Rodrigo Echalecu 2016.
[25] Rodrigo Echalecu 2016.




No hay comentarios:
Publicar un comentario